ASCENSIÓN AL BASTIMENTS (2.881 m) Y GRA DE FAJOL D'ADALT (2,708 m)

 

- Dejémoslo para otro día. Tal fue el comentario que Ángel nos hacía a Miguel y a mí el viernes por la noche, al oír las previsiones meteorológicas para el sábado 17 de septiembre de 2005.

El tiempo amenazaba lluvia y frío y muy probablemente la ascensión al Bastiments no sería posible en tales condiciones.

Pero habíamos decidido ir de todos modos y así lo hicimos. Además habíamos quedado con Miquel y Albert en Molins de Rei, un poco más tarde de las 5 y media de la madrugada y no era plan de echarse atrás a estas alturas. En el peor de los casos nos daríamos una vuelta y almorzaríamos bien antes de volver a casa.

Aún de noche y lloviendo a ratos, salimos de Molins de Rei, tras encontrarnos con nuestros amigos en dirección hacia Setcases, a unos 140 km aproximadamente. Allí paramos a tomar un café (hacía frío, pero no llovía), sobre las 8 y cuarto de la mañana. Seguimos con los coches hasta la plataforma (2.100 m) que existe sobre el hostal y el aparcamiento de las pistas de esquí Vallter 2000.

A la izquierda de la carretera arranca una vereda que lleva al refugio de Ulldeter (2.220 m), primer tramo a cubrir. Empezó a lloviznar.

Desde el refugio (9 y cuarto aproximadamente) empieza la ascensión hacia el Coll de la Marrana (2.515 m), collado enorme, de una gran amplitud, que no apreciaríamos bien hasta bajar del Bastiments.

La niebla es una lata. No nos deja ver casi nada. La mole del Bastiments (o del Gegant, como le llaman los franceses), a la derecha del collado, apenas se aprecia y miremos donde miremos todo lo que se ve es una pared blanca de niebla espesa (foto-1).

Empezamos a ascender en busca del pico, bastante a ciegas, buscando las trazas de la ascensión. Un error (lo descubrimos después, ya en la cima) hace que la subida sea muy dura, a través de una gran tartera llena de piedras (foto-2). El zig-zag del camino de subida no se apreciaba por ninguna parte y el tiempo parecía querer empeorar, por lo que decidimos atacar a lo bestia y no perder más tiempo dadas las circunstancias, creando nuestro propio zig-zag a través de la tartera.

Aproximadamente una hora después de dejar el collado, distinguimos entre la niebla lo que parecía ser uno de los vértices de la alargada cumbre del Bastiments. Seguimos hasta llegar arriba, donde nos recibió una ráfaga de viento helado del norte, que nos dejó sin respiración de golpe. ¡Dios, qué frío!

Buscamos cobijo bajo la gran roca. Un rincón para comer algo y reponer fuerzas (foto-3). El sudor era sólo un recuerdo merced al viento que nos mantenía totalmente secos, aunque helados.

Acabado el refrigerio rodeamos la roca y nos encontramos con una pequeña cruz que alguien había dejado allí con la leyenda “A la nostra Rosa” (foto-4). Entonces vemos que realmente no habíamos llegado al primer vértice (2.875 m), sino que estábamos a escasos 50 metros de éste. Tras hacernos las fotos de rigor al pie de la gran cruz del mismo (foto-5) deprisa y corriendo, pues el viento era matador, seguimos hacia los restos de la señal geodésica del vértice superior (2.881 m), que se vislumbraba a través de la niebla, donde el viento aún era peor, inaguantable. Hicimos las fotos al grito de “Hem fet el cim…!“ con el grupo (foto-6) y salimos por piernas para abajo, hallada la buena senda , y viendo entonces dónde había estado nuestro error, en medio de la niebla.

A mitad del descenso, ésta empieza a despejar, permitiéndonos poco a poco disfrutar de la belleza del collado, sus barrancos, los picos y los valles profundos que se ofrecen a nuestra vista (foto-7).

A medida que íbamos descendiendo (foto-8) y la visión se iba ampliando, empezamos a plantearnos conquistar también el Gra de Fajol de Dalt (2.708 m) (foto-9), ya que estábamos allí y disfrutar así de las hermosas vistas que su altura, despejada de niebla, podría proporcionarnos .

Llegados de nuevo al Coll de la Marrana, tras echar una mirada a la imponente mole del Bastiments (foto-10), ahora ya despejado y tras discutirlo y medir nuestras fuerzas, decidimos subir al Gra de Fajol Miguel, Miquel y yo (foto-11). Ángel y Albert prefieren bajar al refugio y esperarnos allí. Ya habían tenido bastante (que no fue poco), por el momento.

La primera parte de la ascensión es la más dura, una rampa matadora que nos recibía de golpe, arrastrando además como era el caso, el esfuerzo de la ascensión y el descenso del Bastiments.

Había que subir lento pero sin parar, pasito a pasito. Allí el sol empezaba a pegar y el viento era fuerte, también. Pero una vez salvada la pendiente, crestear hasta la cima fue un paseo delicioso (foto-12), pues el día había abierto totalmente, permitiéndonos disfrutar de todo lo que esta comarca ponía ante nuestros ojos, sin prisa y con calma. El ascenso nos ocupó unos 50 minutos.

Desde allí pudimos ver en toda su amplitud la silueta del Bastiments (foto-13), así como las rutas de ascenso a derecha e izquierda (cualquiera hubiese sido buena) y poniendo de manifiesto la dureza de la ruta que realizamos por el centro, a través de la tartera.

Después de hacernos unas fotos los tres (foto-14)  (foto -14-bis)  (foto-14-2-bis) y verificar la identidad de los picos que nos rodeaban, mapa en mano, descendimos del Gra de Fajol en poco más de 10 minutos hacia el collado, del que pudimos apreciar, ahora sí, su amplia extensión después de dejarlo atrás (foto-15), camino del refugio y de nuestros amigos (foto-16). Después de esto, el paseo hasta el coche fue eso, un paseo (foto-17). Miguel abría su coche a las 3 menos diez de la tarde. Habíamos invertido un total de 5 horas y media desde que empezamos a andar. ¡Dos “cims” importantes hechos!, en una mañana en la que tuvimos un poco de todo, pero sobre todo satisfacción. ¡Os lo recomendamos!

 

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