RELATO DE UNA AVENTURA
El término "aventura" empleado en
este relato no quiere resultar grandilocuente ni pretencioso. Sólo se pretende
definir sencillamente, lo que ha representado para tres amigos: Ángel, Fred y
Miguel, la ascensión a la cumbre de la montaña más alta de Catalunya: la Pica
d'Estats. Dicho lo anterior, permítasenos entonces la licencia de utilizar la
palabra "aventura" en el sentido de lo que para nosotros ha
significado la extraordinaria experiencia personal vivida en la consecución de
la mítica cota de los 3.143 metros.
LOS ANTECEDENTES
Lo primero que hay que decir, es que la
"culpa "de tan maravillosa idea es íntegramente de Ángel. Como es
sabido por quienes nos conocen, desde hace mucho tiempo y durante los fines
de semana solemos realizar, en compañía de otros amigos, diferentes salidas
senderistas por las montañas de Garraf y de Ordal que, dicho sea de paso,
guardan rincones que nosotros, amantes de la montaña y de la naturaleza,
disfrutamos de su excelencia casi en exclusiva porque, incomprensiblemente, son
lugares desconocidos para la inmensa mayoría incluso, de los habitantes de los pueblos
de su entorno.
Durante estas salidas iba tomando cuerpo la idea lanzada por Ángel ¿por qué
no plantearse un objetivo más ambicioso? Y ya puestos ¿por qué no la Pica
d'Estats, la montaña más alta de Catalunya? El reto nos interesó a todos, pero
también a todos nos sonó inicialmente a quimera, a una apasionante locura que
nos gustaría ver hecha realidad, pero locura al fin por las muchas dificultades
y condicionantes que la aventura entrañaba. Pasado el tiempo, sin saber muy
bien cómo, nos encontramos hablando de nuevo del tema, pero a diferencia de
otras ocasiones esta vez, después de considerar diferentes factores, se tomó
la firme decisión de establecer una fecha definitiva. Decididamente y salvo
circunstancias excepcionales o de fuerza mayor, iniciaríamos la ascensión a la
Pica d'Estats los días siete y ocho de Septiembre de 2002. Teníamos apenas dos
semanas para preparar la expedición. No se trataba de una elucubración mental,
era ya un sueño con visos de hacerse realidad. Lo primero era saber con
cuántos de nosotros se podía contar, pues de ello dependería todo el aspecto
logístico, cuestión nada banal a la hora de calcular los pesos que cada uno
debería de portar. Al final, descartados algunos miembros del grupo, que por
diferentes motivos no estaban disponibles para esas fechas, iríamos Ángel,
Fred y Miguel. Después de una reunión donde resolvimos prácticamente todas
las cuestiones logísticas que surgieron, sólo faltaba concretar la hora de salida del
sábado día siete: Fred recogería a Miguel sobre las 8:00 horas y un poco
más tarde a Ángel.
SÁBADO 7 DE SEPTIEMBRE 2002
El viaje
Seguramente ninguno de nosotros durmió esa noche de un
tirón; la ansiedad, el deseo de partir, la inquietud ante lo desconocido y la
deliberada y bienintencionada exageración de Ángel a la hora de describir los
obstáculos con los que nos encontraríamos, contribuyeron a ello. A pesar de
todo, la falta de sueño no fue óbice para que durante el viaje
mantuviéramos el ánimo alto y el humor a flor de piel, como ocurre casi
siempre que tenemos ocasión de reunirnos, para participar en cualquiera las muchas y
diferentes actividades que se organizan con nuestro grupo de amigos.
Nos quedaban por delante más de 250 km de carretera, suficientes para que, poco
después de Guissona, nuestros estómagos reclamaran atención. La tortilla de
chanfaina con la que nos obsequiamos, regada con una cerveza muy fría (para
"cabreo" de Fred, que tuvo que conformarse con agua pura y cristalina
por aquello de la conducción), nos supo a gloria. Reconfortados los cuerpos,
reemprendimos el camino hacia nuestro destino. A lo largo de la ruta, pero
sobre todo desde Adrall hasta Sort, tuvimos ocasión de comprobar la ingente
cantidad del preciado "rovelló" que portaban en sus cestas los muchos
"boletaires" con los que nos cruzamos. Decididamente es un buen año de
"bolets". En Alins decidimos, en contra de lo previsto inicialmente,
que en lugar de quedarnos a comer sería más conveniente que nos prepararan un
bocadillo para llevar y continuar la marcha hasta donde considerásemos oportuno
hacer un alto. Lo cierto es que, después de la susodicha tortilla,
ninguno de nosotros tenía apetito por lo que nos pareció que podíamos
aprovechar para hacer la fase de aproximación hasta el "Estany d´Estats",
lugar donde montaríamos el campo base en la cota de los 2.500 metros...
SÁBADO 7 DE SEPTIEMBRE
La aproximación
Desde el aparcamiento donde tuvimos que dejar el coche cercano al refugio de la Vall Ferrera, hasta el campo base, nos esperaban 4 horas de duro camino, para salvar un desnivel de unos 700 metros y recorrer una distancia de 4,5 km aproximadamente.
(Para hacernos una idea de lo que estas cifras significan conviene precisar que, considerando un entrenamiento adecuado a los miembros del grupo, en montaña y sobre todo en la media y alta montaña, la dificultad de los espacios a recorrer no se mide por las distancias, sino por el tiempo que se tarda en hacer el recorrido, relacionado directamente con los obstáculos a salvar, la carga que se porta y la diferencia de nivel a superar.)
Después de redistribuir la carga iniciamos la marcha sin más
preámbulos. Eran tantos los deseos de adentrarnos a través de aquellos bellos
parajes, de sentirnos parte de ellos, como una continuación de su inmensa
grandeza, que nos olvidamos hasta del peso de las mochilas… y pesaban, como
tuvimos ocasión de comprobar casi inmediatamente cuando encaramos la empinada y
serpenteante senda que, en fuerte desnivel, nos llevaría desde el refugio a los
2.225 metros. Por camino ya más suave y después de una descendente y obligada
"grimpada" por una vertical pared rocosa, nos situamos en la "Vall
de Sotllo". Desde ese momento, el sonido del agua en su discurrir, bravo en
algunos tramos, como debe comportarse un río de montaña, pero amable en otros,
como también lo son los amigos cuando nos ofrecen su amistad, acompañaría
nuestros pasos a través del espléndido paisaje que nos envolvía.
Después de más de dos horas de marcha por terreno duro y ascendente,
soportando el peso de las mochilas y sin haber comido nada desde el desayuno,
nuestros cuerpos, más prosaicos que nuestros espíritus, decidieron que
también sería conveniente darles algo de alimento. Llegados a la Balma de
Socalma nos prestamos a saciar nuestro apetito con los bocadillos de carne que
nos habían preparado en Alins. ¡UN DESASTRE¡… las suelas de nuestras botas
probablemente estaban más tiernas que aquel pedazo de goma que alguna vez fue
carne, pero como el hambre hace milagros, nos pusimos manos a la obra. Sólo
Ángel, más sibarita, pero quizá también menos hambriento, se resistía a
engullir aquella "cosa". En estas estábamos cuando unos jóvenes que
por allí aparecieron acompañados de un perro, se sentaron a comer junto a
nosotros. Fue lo mejor que le pudo ocurrir al animal porque gracias a él,
Ángel encontró la formula ideal para deshacerse de su ración sin ensuciar el
entorno.
Una fina e intermitente lluvia empezó a
preocuparnos seriamente; nos quedaba aún una hora de camino hasta el lugar
donde habíamos decidido establecer el campo base y lo peor que podía pasar es
que lloviera con intensidad antes de montar la tienda. Además, el frío
empezaba notarse, lo que complicaba más las cosas ante la eventualidad de tener
que secar la ropa. En montaña, la conjunción de frío y lluvia conlleva
riesgos de cierta entidad, pero el caso es que tampoco podíamos forzar la
marcha mucho más por lo accidentado del terreno y el peso de las mochilas. Nos
quedaba como recurso extremo para pasar la noche, la posibilidad nada agradable
de improvisar un "vivac" con las capelinas, pero ello sin duda hubiera
supuesto un contratiempo importante si al día siguiente queríamos atacar la
cumbre tal y como estaba previsto y la garantía casi cierta de no pegar ojo,
amén de pillar un enfriamiento de caballo..
Por suerte los elementos fueron benévolos, lo que nos permitió continuar la
marcha disfrutando del entorno, pese al "chirimiri" que caía,
observados de cerca por la mirada indiferente de las vacas, que pacían en los
inmensos pastizales que se adueñaban del paraje, como única vegetación
existente en estas alturas, exentas ya de cualquier especie arbórea. El momento
álgido fue probablemente la visión de la silueta de un rebeco encaramado en el
saliente de unas peñas. Nuestras retinas retuvieron la imagen durante los
breves segundos que duró. Después, como si nos dieran la bienvenida a sus
dominios, un pequeño rebaño se nos mostró, correteando por la ladera de la
montaña.
Rebasado el "estany" de Sotllo, en
media hora nos situamos en el segundo lago, el "estany" d´Estats,
donde instalaríamos el campo base. Ni que decir tiene que la visión de los dos
lagos, en medio de la grandiosidad del lugar, fue un regalo que nuestros
sentidos agradecieron. Demasiadas emociones en un solo día.
El cansancio acumulado, pero sobre todo el intenso frío, hizo que después de
cenar, diéramos inmediatamente con nuestros huesos en el interior de la tienda,
dispuestos a descansar, con permiso de Miguel, que finalmente deleitó a la
concurrencia con un recital de ronquidos en "do mayor".
DOMINGO 8 DE SEPTIEMBRE
La ascensión
La noche transcurrió lentamente, demasiado lentamente para
nosotros que estábamos ansiosos por conquistar esa emblemática montaña que
ahora nos contemplaba desde su grandeza. Una lluvia persistente que duró hasta
bien entrada la madrugada, hizo temer lo peor. Si continuaba lloviendo
tendríamos que abandonar la ascensión y con ello un sueño acariciado durante
mucho tiempo. Interiormente nos rebelábamos contra aquella situación; no
podía ser que todo se nos fuera al traste cuando ya sólo nos quedaba el
último y supremo esfuerzo. Alguien debió de escucharnos porque sobre las 8 de
la mañana, aunque con frío y una espesa niebla, la lluvia desapareció.
Iniciamos la ascensión caminando durante unos minutos por terreno fácil para,
casi inmediatamente, encontrarnos con la tartera de la empinada cara sur de la
Pica d'Estats. El fuerte desnivel jalonado de piedras nos obligaba a moderar el
paso.
Era necesario reservar energías para todo lo que nos quedaba por subir y lo que era más importante, para el regreso. La niebla impedía ver más allá de unos pocos metros, lo que hacía que dudáramos del camino a seguir en medio de aquel pedregal que no se acababa nunca. Finalmente conseguimos llegar al Port de Sotllo, donde nos recibió un viento helado además de un grupo de cuatro montañeros (luego sabríamos que eran de Vic) que permanecían resguardados del frío tras unas rocas. En este punto se nos planteó la disyuntiva de seguir por la vía clásica, más larga y por lo tanto donde emplearíamos más tiempo o hacerlo a través del Pico Verdaguer, ruta más corta pero que obligaba a realizar "grimpadas" en la mayor parte del recorrido con lo que esta opción, en las condiciones que se daban de roca mojada, niebla y frío, no parecía la más aconsejable, por lo que finalmente decidimos continuar por la vía clásica.
Rebasado el Port de Sotllo, esta vía cae hacía el lado francés por la cara Norte de la montaña para, después de bajar 150 metros, remontar por esta misma cara unos 350 metros en fuerte desnivel a través de una incomoda tartera y algunos neveros, hasta el "coll" del Montcalm (Francia) y una vez arriba, a la derecha, hacia la cima de la Pica.
A pesar de la altura y del esfuerzo, nos encontrábamos razonablemente bien y así, después de algunas pequeñas "grimpadas" en los tramos finales, hicimos cumbre en los 3.143 metros. Allí estábamos los tres, haciendo nuestro aquel pequeño espacio en la cima más alta de Catalunya, con la "senyera" entre nuestras manos y sintiéndonos humildemente importantes ante tanta grandeza como se nos brindaba. El cúmulo de inexplicables sensaciones que en esos momentos sentimos, era el pago que recibíamos de la montaña por nuestro respeto y amor por ella. Después, las fotos de rigor que a los tres nos parecieron incompletas, no estábamos todos los que deberíamos de estar. ¡Animo "Salva"!, que nos quedan muchos caminos que pisar y muchas montañas que subir… y disculpa lo de la camiseta "Vimarmo", pero es que hacia un frío de "carajos". Bueno, Angelito sí que se comportó porque, a pesar del frío, se colocó la camiseta de marras. Ya sabemos que él se despelota en menos que canta un gallo, pero..., ¡brrrr....!
El descenso
Iniciamos el descenso lamentando que la niebla existente
nos impidiera la visión del paisaje, lo que supuso una contrariedad porque, en
días despejados, se puede llegara a divisar el Aneto desde la cima de la Pica.
Se trataba ahora de desandar el camino y por lo tanto de bajar a través de los
pedregales de las tarteras por las que habíamos ascendido. Nuestras rodillas se
ponían a prueba a cada paso que dábamos, tratando de contener la inercia de
nuestros cuerpos a lanzarse hacia delante; los tobillos nos reclamaban prudencia
pues un mal paso podía significar un serio accidente. Mientras, como estábamos
en la misma frontera con Francia y por ello también había montañeros de ese
país, Fred no desaprovechó la oportunidad de practicar idiomas. No hay mal que
por bien no venga.
Por fin llegamos al campamento base. Lo peor, aparentemente, ya había pasado. Se trataba ahora de desmontar la tienda, recoger el campamento y descender sin problemas hasta donde habíamos dejado el coche. Así lo hicimos pero para desgracia nuestra, lo peor aún tenía que llegar porque la lluvia hizo de nuevo aparición, obligándonos a usar las capelinas en un terreno con pequeños cortados, donde resultaban realmente incómodas. Además, las piedras y rocas del camino, mojadas por la lluvia, se convirtieron en auténticas pistas de patinaje lo que provocó que alguno de nosotros, acabara de bruces en el suelo en más de una ocasión (eso sí, levantándose enseguida a la voz de "¡no me duele nada!", no fuera a ser que a los otros les diera por rematarlo a uno de una pedrada).
Cuando posteriormente hicimos una valoración de "nuestra aventura", los tres coincidiríamos en que este tramo al que me estoy refiriendo, no fue el más agotador ni el más duro, pero sí el que más complicaciones nos supuso.
Finalmente llegamos al aparcamiento donde habíamos dejado
el coche. Allí nos pusimos ropa seca, calzado cómodo y emprendimos la vuelta a
Vallirana.
CONCLUSIÓN FINAL
La realización de un proyecto, la consecución de una meta o el simple disfrute de las cosas sencillas del día a día, son motivo de satisfacción y felicidad para la inmensa mayoría de nosotros. Sin embargo, no siempre a todos nos atraen las mismas cosas, no todos nos sentimos partícipes de las mismas inquietudes o vibramos ante similares situaciones. Por eso, cuándo nosotros proclamamos que nos hemos sentido enormemente felices, a pesar del esfuerzo y las contrariedades, con la culminación de la Pica d´Estats, lo hacemos desde nuestra más íntima y personal visión de las cosas, desde una escala de valores, evidentemente, muy personal.
Finalmente decir que a la montaña nunca se la conquista. Ella es la que nos conquista a nosotros.
ALBUM DE FOTOS DE L'EXCURSIÓ
Angel, Miguel i Fred a l'inici de l'aventura, cap al Refugi de Vall Ferrera.
El primer i segon graó de les múltiples pujades que varem fer, ja després del refugi. Pas del primer pont.
La pluja no ens va deixar pràcticament en tota la tarda. Començà desprès de dinar. Al pla, un altre graó.
Arribada al Llac de Sotllo.
Al Llac d'Estats, un cop muntada la tenda.
Un xic de gresca abans de sopar.Quin fred que començà a fer de cop!
Miguel i Àngel pujant la tartera de la Pica.
I dues instantànees fent un mos a la tartera del Montcalm, bona estona després.
Fred i Miguel arribant dalt del Coll del Montcalm (França), un cop salvada la tartera.
El cim fet (3.143 m). Missió complida. Havia una bandera, però duiem la nostra.
Fred i Miguel baixant de la Pica.
Fred a la glacera de la Pica, banda de França.
Àngel cap a Sotllo (al fons "Les Pyrenées de la France").
Els tres amics al Coll de Sotllo, tornant.
Fred i Miguel (i Àngel i Miguel) baixant cap al Llac d'Estats, on era el campament base.
Desmuntat el campament, preparem la baixada final. Al fons, La Pica, quin tros de pedra!
Enllestida l'aventura, una foto pel amic Salva, que no va poder ser-hi. Un altre any, company!