AMANECER

 

Aparto las telarañas de mis ojos al breve resplandor,
miro apenas despierto, la leve mezcla de azul y negro,
la línea divisoria de lo humano y lo divino.

Juega el viento en las coronas de la Tierra,
despeinando las copas de la arboleda.
Y rayos como flechas, de las cejas del sol me ciegan.

Como luciérnagas rezagadas llegan a mis ojos,
entre los cabellos de los altos chopos,
chispeando en el aire, mil estrellas.

Se encuentran por un instante el sol y la luna
y se miran a los ojos lánguidos, como actores
de un amor platónico, inútil.

Huye la luna de los fríos pies del sauce,
donde el cabello del sol trenza ya
su encaje de bolillos con el musgo.

Todo es luz y sonido ahora y color.
El agua suena diferente, acordando con mil pájaros
la sonata de la madrugada que acompaña la brisa matinal,
tocando el arpa en los bosques del valle.
Es de día otra vez.