ASCENSIÓN AL ANETO (6-09-2003)
¡Por fin...!, llegó el día, el fin de semana esperado (y preparado)
desde un año atrás. La concreción de un sueño acariciado desde la ascensión
a la Pica de Estats, en septiembre de 2002.
Lamentablemente, nuestro amigo Angel, por "prescripción facultativa",
debió dejarlo para otra ocasión. Es la nota triste, después de vivir la
preparación del
proyecto con Miguel y conmigo durante todo el año. Pero la salud es lo primero
y esta ascensión no es ninguna tontería, para ejecutarlo a la ligera. Le
recordamos varias veces durante toda la travesía.
Nos habíamos fijado el Aneto, como acicate para mantener un año de salidas
preparatorias (una excusa como cualquier otra, para ejercer una actividad que
nos llena mucho) y la fecha finalmente llegó.
Miguel había salido con su hijo Fran, para hacer una travesía de cinco días
que empezó en Goriz el lunes 1-09-03 y que debía llevarle por el Valle de
Ordesa, al de Pineta y después al de Estós, para recalar en el Valle de Benás
(Benasque), donde debíamos encontrarnos el viernes 5-09-03, para iniciar la
aventura del Aneto.
Los recogí en Campo, sobre la una de mediodía y ascendimos a Benás, donde
paramos a comer. Fran había tenido suficiente con la travesía y decidió
quedarse allí, hasta nuestro regreso. Así pues, sólo quedábamos Miguel y yo
dispuestos a la ascensión.
Después de comer, despedimos a Fran y enfilamos camino del aparcamiento de los
Llanos del Hospital, punto límite al acceso de vehículos, hasta el 14 de
Septiembre. A partir del 15 y durante todo el invierno, se puede acceder hasta
el aparcamiento del Plan de la Besurta, adonde llegamos mediante el autobús de
línea (cada media hora y 3 € ida y vuelta.)
Desde allí, la ascensión al refugio de la Renclusa (2.140 m) nos llevó aproximadamente
unos tres cuartos de hora.
Del refugio, aparte de las eternas obras, que parece que nunca se acabarán,
como bueno debo destacar la calidad de la comida, la amabilidad del personal que
lo regenta y lo bello del paisaje. Como nota negativa, la referencia que ya
conocíamos y que desgraciadamente parece que tampoco acaba de arreglarse: la
falta de servicios en condiciones, baños y duchas. Esto también empieza a ser
algo congénito de este refugio.
Nos levantamos el sábado, después de temer por el tiempo, ya que el viernes llovió algo y no teníamos mucha seguridad meteorológicamente hablando, a las
5 y media de la madrugada. Preparamos el equipo para la ascensión (crampones y
piolet indispensables, para el glaciar) y desayunamos, listos para la aventura.
A las siete menos veinte iniciamos el ascenso, totalmente a oscuras y con el
cielo encapotado, lo que no nos dio precisamente alegría. Cogimos cuerda tras
un grupo de vascos que llevaban linternas frontales, lo cual nos permitió
prescindir de las nuestras de mano, muy incómodas (punto a tener en cuenta para
otra ocasión). Tras una media hora, la claridad del amanecer nos permitió
seguir nuestros propios pasos, hasta que sobre las ocho menos algo alcanzamos
los aledaños del Portillón Inferior (2.742 m). Aquí tuvimos una visión del Ibón
de la Renclusa que
vierte sus aguas en el valle del mismo nombre.
El ascenso hacia el Portillón Superior no es ninguna broma, pero vamos frescos
y con mucha ilusión y nos animaba la mucha gente que iba en la ruta, lo que le
daba "color a la fiesta". Había de todo, la mayoría gente preparada,
pero también algún que otro inconsciente que no sabía dónde se metía.
Llegados al Portillón Superior y cruzado éste, parada preceptiva para comer algo y seguir. Llevábamos más o menos unas dos horas y media largas de
travesía.
Las referencias que habíamos encontrado en Internet, hablaban de que en este
punto "...no os calcéis aún los crampones, pues hay que atravesar un zona
de rocas sueltas, antes de llegar al glaciar..."
Lo cierto es que una tartera cada año mayor, nos conducirá a un glaciar, cada
año más pequeño y mermado (causa de los malditos efectos del agujero en la
capa de ozono), que de todos modos tiene su miga. Esta tartera sería nuestra
cruz a la vuelta, cuando la ilusión del "deber cumplido" diera paso
al "ansia por acabar", ...¡no se acabaría nunca ese mar de rocas...!
Intentamos subir lo más arriba posible, siguiendo la pared de roca, ascendiendo hacia
el "mar de hielo", a fin de minimizar la longitud del cruce del
glaciar. Al final, hartos de tanta piedra, optamos por calzarnos los crampones
donde arrancaba la huella de un grupo de franceses que nos precedía. El día
era luminoso, pero las cimas estaban tomadas por la niebla que iba y venía a su
albedrío.
El cruce del glaciar no fue complicado, merced a los crampones y la clara huella
del grupo que iba delante de nosotros, que a su vez seguía la huella del anterior. Hay
que ser prudente en esta zona y cruzarla con calma, pues cualquier grieta puede
darte un buen susto. Las rimayas son comunes en los glaciares y si ha nevado
recientemente, pueden estar parcialmente ocultas. Es por ello importante seguir
las huellas de quien te ha precedido y seguramente, veremos cómo ésta se
desvía en algún lugar de lo que sería su trazado natural, por causa de tener
que vadear alguna de estas grietas.
La marcha no nos dejaba notar el frío que aquí, naturalmente es mucho mayor
que en el resto de la travesía.
Pasado el glaciar a la altura del pico de en Medio seguiríamos, dejando a
nuestra derecha el Pico de Coronas y prosiguiendo la marcha hacia el alto de
Punta Oliveras Arenas, el más próximo a la base de la cima del Aneto..
El ascenso por aquí sería imposible o sumamente complicado y peligroso, si no
fuera por los crampones, insisto imprescindibles para este tipo de ascensiones.
El desnivel tan elevado de la última parte del glaciar hace pesado cada paso,
combinado con la presión de la altura.
Finalmente llegamos al final del tramo de hielo, al pie del pico Punta Oliveras.
Aquí nos descalzamos los crampones e iniciamos la ascensión a la pre-cima,
dura también, de roca suelta y ya rodeados de una niebla que aparte de
estorbarnos todo el tiempo, no nos permitió gozar de las magníficas vistas que
hay desde el punto más alto de la Península Ibérica.
Allí hubimos de esperar como un cuarto de hora, haciendo cola como en el
súper, para salvar el Puente de
Mahoma, mítico punto donde muchos dan la vuelta dando por concluida la
ascensión.
Pero no, hay que hacerlo, hay que abrazar la horrible cruz que hay en la cima, de
dudoso gusto estético y hacerse las fotos de prueba del final de la ascensión.
No hacerlo sería como condenarse a regresar otra vez a esta montaña.
El paso tiene una vertiginosa y cruel caída a ambos lados, no apta ni para
cardíacos, ni para personas con vértigo. La niebla nos permitió prescindir de
la impresión que inevitablemente debe producir la consciencia de estos
precipicios a ambos lados del paso y nos dejó concentrarnos en el trabajo de
escalada preciso para cruzarlo. Realmente parece más de lo que es, si no miras
a los lados, con un par de puntos algo complejos. En total serán unos 20 ó 30
metros fáciles de salvar y nada más.
La alegría que se siente al cruzarlo y llegar a la cruz es indescriptible.
Lástima que la niebla nos aguó la fiesta. Hubiéramos querido estar allí
arriba un rato más, pero hacía frio, temíamos tormenta a la vuelta y nos quedaba lo peor,
el regreso.
El descenso del glaciar fue fácil en su primer tramo, todo bajada. Los
crampones nos permitían avanzar con facilidad. El cruce de Coronas es algo más
largo y al ser de vuelta, más pesado también.
Pero lo peor vendría después, la tartera de enormes rocas, hasta el Portillón
Superior. Aquello no se acababa nunca, rocas y más rocas.
Salvado este tramo nos quedaba todo el descenso hasta la Renclusa, que es un
"matarrodillas" atroz. Es la parte que te hace odiar esta locura que
por otro lado, se olvida a las dos horas de acabarla, también hay que decirlo.
Pero las dos últimas horas de descenso, que debe hacerse con sumo cuidado,
suponen un desgaste energético tal, que debes estar bien preparado mentalmente
para no "romperte".
Es la cruz del Pirineo. El precio que se paga por vencer a su rey en este caso,
es el suplicio del descenso. Lo peor de subir al Aneto no es la ascensión, sino
la vuelta.
Pero vale la pena, doy fe de ello, 24 horas después de haber acabado esta
aventura.
ALBUM DE LA TRAVESÍA
1 - Parking Llanos del Hospital. Desde aquí en autobús. 2 - Hospital de Benasque. 3 - Ascendiendo hacia la Renclusa, desde el parking de la Besurta. 4 - Vista desde el camino a la Renclusa, del Turó de la Pleta de la Renclusa y el valle que lleva al Forau de Aigualluts. 5 - Pico de la Renclusa, subiendo al refugio.
6 - Vista panorámica del refugio de la Renclusa y alrrededores. A la derecha el Barranco de la Renclusa. 7 - Vista del comedor del Refugio. 8 - Descansando después de cenar.
9 - Ascendiendo hacia el Portillón Inferior. 10 - Vista del Ibón de la Renclusa, desde el Portillón Inferior. 11 - Hacia el Portillón Superior. 12 - Llegando al Portillón Superior. 13 - Vista del glaciar desde el Portillón Superior. 14 - El Portillón Superior salvado. 15 - Vista hacia el Este, desde el Portillón Superior.
16 - Tartera pre-glaciar (inacabable). 17 - Buscando la huella del glaciar. 18 - Calzándose los crampones. 19 - Rimaya en el glaciar, cerca de las rocas. 20 - La cima está cogida por la niebla. 21 - Miguel, cruzando el glaciar. 22 - Fred haciendo lo propio, a la altura del Pico del Medio (3.343 m).
23 - El glaciar, rebasado el final del Pico de Coronas (3.294 m). 24 - Buscando la cota del Punta Oliveras Arenas (3.292 m). 25 - Otra rimaya en la ruta, hay que ir con cuidado. 26 - Llegando al final del hielo, sobran los crampones. 27 - El mítico Puente de Mahoma. 28 - Nos toca hacer cola, para cruzar. 29 - Miguel, cruzando el paso.
30-31-32-33-34-35-36 - Fred y Miguel en la cima. Fotos de prueba y de recuerdo de la cima (3.404 m).
37 - Regreso en Puente de Mahoma. 38 - Descenso hacia el glaciar. 39 - Fred, llegando a la base del Coronas. 40 - El glaciar en la base del Pico de Coronas. 41 - La maldita tartera previa al Portillón Superior. 42 - Finalmente llegamos al Portillón Superior. 43 - Fred: ¡Pues no ha sido para tanto!
44 - Miguel observando la dura bajada que nos faltaba para llegar al refugio. 45 - Fred: ¡mejor me siento un rato...! 46 - ¡Esto está hecho, misión cumplida...!, esperando el autobús.