NATURALEZA

Quizá fuera un sueño olvidado,
de los mil que se tienen en la infancia.
O el recuerdo de una postal alpina,
encontrada en la niñez.
Ya no puedo estar seguro.
El caso es que canoso ya,
encontré en las veredas de esta tierra,
en los montes, en los lagos
y los campos extensos de este país,
un nuevo modo de explorar mi propio yo,
cual latente inquietud que despertase.
Como si la vida me ofreciera
otro modo de aprenderme y entenderme.
Una orografía rica se ofrece a la exploración,
escondiendo sus secretos
y sus tesoros más íntimos,
que son al fin los premios que me da.
Mojar mis pies en las aguas de una playa,
atravesar las llanuras de la meseta central,
son modos, como conquistar la más alta cima
de un sistema montañoso,
o perderse en un valle verde, rojo,
pardo y amarillo de un otoño,
de comulgar con la tierra,
de hacerle un guiño de complicidad
a esta naturaleza que a diario maltratamos.
Ella es más generosa que nosotros,
suele volcar su belleza y placidez
en nuestros ojos, a poco que la miremos.
Ella, la naturaleza, es la vía mejor
para entrar dentro de uno mismo,
es como un licor que nos invade el cuerpo
y da reposo al espíritu.
Deberíamos sentirla más nuestra.
No hacerlo es como renegar de uno.
¿Qué seríamos si no,
sino naturaleza corrompida?