PESADILLA

Un domingo súper,
con sueños de Suecia,
volando sobre las mil islas de Estocolmo.
Sueño cincuenta años de conflicto
y visiono cien goles de fútbol.
Ilustrando la puerta de un club,
una tarde de septiembre,
aprendo a conducir camiones, para un rally
y repaso quince temas en un atlas de Francia.

Después juego a los médicos en un supermercado
y vendo vestidos de novia
puerta a puerta, en Salamanca, ¡qué sueño...!
Una naturaleza plural,
un domingo súper en Suecia.
Ciencia y tecnología en el mar,
el mar de la Tierra, en este Universo.
¿Dónde está mi nave...?

La rueda del tiempo, en medio de la poesía,
como el tesoro de una isla escocesa,
sin robinsón, sin maestro, sin alumno.
Cual geisha que busca en África un camino,
que la lleve al reino del dragón dorado,
y encuentra tres mosqueteros custodiando
los pilares de la Tierra y el libro de las leyendas,
aquél que el Capitán Alatriste
ofrece a la Reina Margot y a Madame Bovary,
para ver si alguna lo mira a los ojos, ¡literatura...!

Domingo súper, en Portugal.
Busco el Titánic, para reciclar sus joyas,
las primeras de perlas que encontré.
Veinte años y un día de condena,
oscuro estado de la inocencia,
como un cuento de Grimm o un pastel de mil hojas,
que me abren el libro del invierno.

Y un túnel de caminos perdidos
ilustra mi mes de enero, el de la poesía,
en danés y sueco de Estocolmo.
Y me lleva al Purgatorio, al Infierno y al Paraíso,
como un Dante de sueño, volando en mi nave.

Y la geisha encuentra al fin
el corazón blanco del dragón dorado,
en el estudio del Capitán Alatriste,
en otra tierra, de otro universo, sin mar.
En ese invierno, las novias esperan sus trajes,
aunque sean de puerta a puerta,
mientras leen un atlas de Francia
de quince capítulos, esperando al vendedor.

Desde el cielo, la rueda del tiempo me da náuseas
y los pilares de la Tierra se tambalean,
aplastando al fin a los tres mosqueteros,
en medio de la poesía.
Y la isla del tesoro,
sin robinsón, sin maestro, sin alumno,
acaba con la sombra del viento,
tapándola, hundiéndola en la oscuridad,
cuando despierto de mi pesadilla. ¡Uffff...!