¿QUIÉN ME ESCUCHA HOY...?
¿Quién me escucha hoy?
Nada se mueve aquí arriba, todo es silencio.
Un paso sería suficiente, una señal.
Un gesto que cambiase la certeza,
de que no todo es una farsa.
Quizás una luz nos salve el alma
de la negra desesperación,
o la risa le dé sentido a la pasión.
El dolor no puede serlo todo,
aunque quizá todo nace
donde hunde la pasión sus raíces.
Subí buscando el sueño eterno
de alcanzar tal altura ideal,
el deseo de un Paraíso sin fin, contigo.
El ansia de que en esta Tierra
nadie hubiera de escuchar un llanto.
Pero aquí me mojan lágrimas amargas,
las de los ángeles sin sexo,
ardientes de deseo, tan cerca de mí.
Aquí, el feo fruto de la civilización,
cual envidia dirigida al Paraíso, ¡se ve tan lejano...!
He subido aquí solo,
buscando respuestas a mi destino,
tras este océano de hielo gris,
el conocimiento de mi razón de ser,
del íntimo vestigio de mis raíces,
aquello que me pide cualquier cosa
más allá de mi capacidad,
tal vez no del todo demostrada.
Los cimientos de mi vida,
en lo más profundo del abismo,
en la más alta cumbre de este mundo.
Afronté lo que el camino me mostró,
asumiendo las penalidades del viaje.
Y saciaré mis dudas al fin,
después de este hambre de saber,
con un temblor de lucidez final.
Esa sacudida cambiará mi ritmo,
nuestro ritmo y los cimientos de la vida
temblarán al unísono, los tuyos, los míos.
Hasta que la unión anhelada
estalle fusionando nuestras almas.
Pero es efímero el conocimiento,
el deseo, los abismos y las cumbres.
Y después de todo, también esa fusión.