Abro los ojos
y el sol hiere, cruel,
mis pupilas.
Oculto la mirada
con leves movimientos,
tapando mis ojos
con las manos.
Y los dedos se mojan...
El calor, el sudor;
ha llegado el verano
con toda su luz,
con la fuerza del sol,
la claridad del cielo
y el agobio y laxitud
que agotan el cuerpo
y embotan la mente.
¡Agua, agua y aire!,
ruega la mente para el cuerpo.
Y entumecidos los brazos,
como durmiendo las piernas,
me muevo lento,
mirando cerca
y la veo a mi lado.
Cara de ángel,
sudando,
humana como yo,
abatida por el calor,
y vencida por el sueño
y la fatiga del baile de anoche.
-¡Buenos días, amor...!
-¡Buenos días, amor...!